Calçotada atípica

Calçots de Valls

Aún estamos en temporada de calçots, esas deliciosas cebollas que se consumen tradicionalmente en Cataluña desde finales del invierno hasta comienzos de la primavera. Se asan al fuego vivo y se acompañan con salsa romesco, completando la «fiesta» con butifarras y carnes típicas… coartada perfecta para echarse al campo y disfrutar de un gastro-plan de lo más hedonista. La tentación de adoptar la costumbre era demasiado irresistible y hace ya años que celebramos al menos una calçotada anual en familia, con amigos o en solitario. Lo hemos hecho en los pinares castellano, en la barbacoa del chalet adosado del cuñado preferido, en el horno de casa, pero nunca habíamos festejado el «rito» en Asturias, mirando al Cantábrico, con sidra y erizos de mar…

Los calçots llegaron a Asturias vía mensajero directamente desde Valls (Tarragona), –sede de la IGP que protege al buen «calçot de Valls»–, con la salsa romesco y hasta los baberos imprescindibles para «calçotear» con absoluta tranquilidad… La cebolla renegrida tras su paso por el fuego, se pela a mano y se come bien untada en la salsa, de modo que no es una experiencia precisamente aséptica (razón por la cual tampoco veréis aquí nuestras fotos en pleno «making of»).

Habría sido mejor disponer de más leña para dar viveza a las llamas pero una barbacoa doméstica es un espacio más limitado… Tuvieron que asarse durante más tiempo, impás que aprovechamos para cocer los erizos de mar (estos llegados de Galicia, que en Asturias hay veda), y escanciar unas cuantas botellas de sidra. No es una forma muy tradicional de degustar los calçots, pero la calidad de cada elemento garantizaba el éxito del conjunto.

Podemos concluir que hasta los «ritos» gastronómicos más autóctonos son realizables allende las fronteras donde fueron concebidos, y que aunque no hay que perder de vista la tradición, siempre se puede reinterpretar, adaptándola a los usos y costumbres gastronómicos de otros lugares… a veces con resultados sorprendentes.

Erizada

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