Restaurante Llantén, placer recuperado

Restaurante Llantén

Siempre es un placer volver a restaurante Llantén [Calle Encina, 11, 47153 Valladolid], cuya localización en las afueras de la ciudad, – en el vallisoletano Pinar de Antequera–, es uno de sus principales atractivos. Ocupa un chalet de inspiración ibicenca con un espléndido jardín, conformando un escenario difícil de mejorar, tanto en invierno, –cuando encienden la chimenea y da gusto cenar a su lado–, como en verano, en que puedes disfrutar de una «gastrovelada» bajo las estrellas… Son famosos sus miércoles estivales, con conciertos al aire libre, y no es infrecuente que el espacio entero se reserve para la celebración de eventos privados.

Llantén acaba de reabrir sus puertas tras el tradicional descanso invernal que permite al equipo descansar y cargar las pilas para una primavera y un verano intensos. El comedor lleno no resta agilidad al servicio ni calidez en el trato, y la cena con amigos transcurre muy cómodamente. La carta es breve pero intensa, apetece probarlo todo y dejarse llevar. Compartimos un plato de ‘Caballa marinada con cítricos’ y un exquisito ‘Arroz meloso de marisco’, además de dos aperitivos de la casa, uno a base de plancton y otro de manzana, con sugerente textura de flan y acompañado con huevas de pez volador.

De segundo, nos decantamos por la ‘Lubina con calamar’, tierna y sabrosa; la ‘Raya’, deliciosa, con caldo de jamón, y el ‘Steak tartar’.

Y terminamos con dos postres, que son un despliegue de texturas y sabores: el ‘Suflé de avellana’ y el ‘Cardamomo con bergamota y coco’, en la línea de calidad del resto de platos.

Mención especial al adictivo pan de la casa, que puedes –y debes- untar en el aceite de oliva virgen extra de variedad Picual de Jaén ‘Cortijo Spiritu Santo’, para ir abriendo boca mientras esperas. Y, para los fetichistas, la cuenta bellamente manuscrita. Una cena espléndida y muchas ganas de repetir.