Calçotada atípica

Calçots de Valls

Aún estamos en temporada de calçots, esas deliciosas cebollas que se consumen tradicionalmente en Cataluña desde finales del invierno hasta comienzos de la primavera. Se asan al fuego vivo y se acompañan con salsa romesco, completando la «fiesta» con butifarras y carnes típicas… coartada perfecta para echarse al campo y disfrutar de un gastro-plan de lo más hedonista. La tentación de adoptar la costumbre era demasiado irresistible y hace ya años que celebramos al menos una calçotada anual en familia, con amigos o en solitario. Lo hemos hecho en los pinares castellano, en la barbacoa del chalet adosado del cuñado preferido, en el horno de casa, pero nunca habíamos festejado el «rito» en Asturias, mirando al Cantábrico, con sidra y erizos de mar…

Los calçots llegaron a Asturias vía mensajero directamente desde Valls (Tarragona), –sede de la IGP que protege al buen «calçot de Valls»–, con la salsa romesco y hasta los baberos imprescindibles para «calçotear» con absoluta tranquilidad… La cebolla renegrida tras su paso por el fuego, se pela a mano y se come bien untada en la salsa, de modo que no es una experiencia precisamente aséptica (razón por la cual tampoco veréis aquí nuestras fotos en pleno «making of»).

Habría sido mejor disponer de más leña para dar viveza a las llamas pero una barbacoa doméstica es un espacio más limitado… Tuvieron que asarse durante más tiempo, impás que aprovechamos para cocer los erizos de mar (estos llegados de Galicia, que en Asturias hay veda), y escanciar unas cuantas botellas de sidra. No es una forma muy tradicional de degustar los calçots, pero la calidad de cada elemento garantizaba el éxito del conjunto.

Podemos concluir que hasta los «ritos» gastronómicos más autóctonos son realizables allende las fronteras donde fueron concebidos, y que aunque no hay que perder de vista la tradición, siempre se puede reinterpretar, adaptándola a los usos y costumbres gastronómicos de otros lugares… a veces con resultados sorprendentes.

Erizada

La Casa del Gusto, el blog

Érase una vez dDC (Daza diseño y comunicación), un estudio de diseño gráfico y comunicación con más de dos décadas de actividad, cuyos integrantes (Eva P. Luceño & Juan Carlos Daza) decidieron dar rienda suelta a su pasión por la gastronomía y el vino…

Corría el año 2011, y se estaba gestando La Casa del Gusto, un colmado gourmet que durante siete años nos colmaría de satisfacciones. Ubicamos la tienda a un paso del estudio, en el casco antiguo de Valladolid, junto a la catedral, en un local tan encantador que visitarlo era un placer en si mismo. La gestación estuvo acompañada de un grupo de amigos, profesionales de la gastronomía, el vino y el comercio gourmet que nos asesoraron mientras catábamos, descubríamos, y proyectábamos. En diciembre abríamos las puertas, con una selección de productos exquisitos en cuya elección el diseño era un aspecto esencial, como no podía ser de otra forma. La calidad, la innovación, la filosofía del productor, la sostenibilidad, iban de la mano. Así que el contenido se ajustó al continente, una auténtica “Casa del Gusto”, que se especializó en el regalo gourmet y en la comunicación gastronómica (paso a paso, llegamos a reunir más de dos mil referencias elegidas una a una entre los mejores productores de España, y más allá).

Generamos tantas experiencias en forma de catas, viajes gastronómicos, visitas a bodegas, organización de eventos eno-gastronómicos, talleres… que nos daba pena dejar de compartir ese conocimiento una vez que La Casa del Gusto terminaba como proyecto. Y durante casi un año hemos seguido comunicando con vosotros, a través de Facebook, Twitter e Instagram, sin que supierais muy bien qué había detrás de La Casa del Gusto una vez que las tiendas, física y online, habían cerrado sus puertas.

La intensa actividad este año en Daza Diseño y Comunicación ha requerido toda nuestra atención, pero desde hoy damos por inaugurado este blog que seguirá llamándose “La Casa del Gusto”, y desde el que continuaremos emitiendo noticias relativas al mundo gastroenológico, en el que seguimos profesional y personalmente inmersos. Que más que mundo, es universo… porque quién dice gastronomía y vino dice cultura, viajes, arte, diseño, entretenimiento, aprendizaje. Una forma de entender la vida y el trabajo como un viaje de descubrimiento. Esperamos que os apetezca acompañarnos y participar en la aventura.

Colorín, colorado, esperamos que este cuento no haya hecho más que empezar.