Titiana, pureza radical

Sentimos una irresistible atracción por la Pinot Noir, tanto en su versión  “tranquila” como en su versión espumosa. Por eso estábamos deseando probar este cava de Alella, que no ha hecho sino aumentar nuestra afición a esta uva… y cada vez más a los cavas, por cierto. Lo acompañamos con una corvina salvaje guisada al horno, que estaba en su punto exacto de placer absoluto.

Titiana Brut Rosé es un cava sutil, condición que ya apreciamos en copa, donde muestra un color anaranjado y una burbuja elegante y fina. En nariz es aromático, sin excesos, y en boca manifiesta, de nuevo, esa elegancia que ya mostraba su aspecto. Nos gusta cómo invade la boca, y la persistencia de su sabor: es puro equilibrio. Vamos, que no será la primera incursión que hagamos en este vino, y en esta bodega.

Titiana es un exquisito proyecto del Grupo Parxet ubicado en Tiana, al Norte de Barcelona, en territorio de la D.O. Alella, una de las denominaciones de origen más pequeñas de España y más antiguas de Europa, por cierto. Es una zona muy singular enológicamente, próxima al mar y ubicada en la Sierra de Marina, con suelo granítico  –llamado “sauló”– , y un climatología especial, que produce espumosos espléndidos, con gran potencial de guarda.

El primer Titiana se elabora en 1986, a partir de los primeros viñedos de Chardonnay plantados en España. Se vinificó independientemente cada parcela, como se haría despúes con la Pinot Noir y la Pansa Blanca, alejándose de la tradición clásica de mezclar variedades. Esta es una de las principales diferencias: en Titiana no se hacen coupages de zonas ni variedades diferentes. De este modo, las parcelas se expresan, y equilibran, en solitario… alcanzando un nivel de personalidad único, esa “pureza total” que nos ha enamorado de nuestro primer Titiana.

La bodega pertenece a Gleva Estates, –que integran también Parxet, Mont-Ferrant, Raventos d’Alella, Tionio, Basagiti y Portal del Montsant–, un conjunto de proyectos de viticultura orientados a expresar la riqueza vitivinícola de cada zona en clave de sostenibilidad y amor absoluto por la tierra. Para ellos es un asunto de conciencia… tanto que, conscientes de que su obligación es “interpretar a la Naturaleza más que intentar dominarla”, han creado un “Organic Manifesto” http://glevaestates.com/1380/ que verteba su particular filosofía de trabajo.

Puro hedonismo sostenible, ¿no os parece?

«Mercadoturismo»

Una «ruta hedonista» que se precie ha que tener parada –y si es posible fonda– en el mercado de abastos de la localidad. Los mercados se ubican estratégicamente en el centro de las ciudades por lo que la visita siempre será compatible con la de otros lugares de interés, histórico, gastronómico, arquitectónico… Y ni que decir tiene que son depositarios de una importante parte de la cultura gastro-culinaria de la ciudad y su entorno, en forma de «producto», por lo que en un paseo entre sus pasillos puedes obtener mucha información sobre usos y costumbres gastronómicos locales.

Palencia es una ciudad perfecta para cultivar el hedonismo, y su mercado de abastos, un hito en la ruta. Ubicado en el número 1 de la calle Felipe Prieto, fue inaugurado el año de 1900 siguiendo el modelo de otros mercados de la época. Su estructura, completamente rehabilitada, es de hierro forjado sin soldaduras, con grandes cristaleras que permiten aprovechar la luz natural. Su interés arquitectónico le valió el reconocimiento como «monumento civil».

El interior es un sabroso despliegue de la despensa palentina, avalada en todas sus categorías con numerosos sellos de calidad: desde las verduras y hortalizas, hasta las carnes y embutidos, con parada en la sección láctea y la repostería, y sin olvidar las bebidas, representadas con licores, vinos, cervezas artesanales y hasta vermut.

Como en otros mercados a lo largo y ancho del mundo, los puestos ambulantes desbordan el perímetro del mercado un par de veces por semana… pero, esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.