«La Martina», cocina con alma

Es tiempo de pucheros, coartada perfecta para recorrer la geografía española a la búsqueda y disfrute de los buenos guisos de cuchara que abundan en los recetarios nacionales… si bien no es tarea fácil. Frente a la casi total extinción del cuchareo tradicional en las cartas de los restaurantes más “cuquimodernos”, las casas de buen comer de las de toda la vida siguen ofreciéndolo, para solaz de comensales como nosotros, que le damos con pasión al guiso de legumbres incluso en pleno verano si hay ocasión.

Uno de los restaurantes que continúan cultivando el arte del puchero* es La Martina, en Montemayor de Pililla (Valladolid), donde la última delicia que hemos probado es el “cassoulet a la castellana”, con Alubión de La Granja y pato confitado, absoluta delicia que puedes servirte tú mismo desde el puchero que queda tentadoramente ubicado en el centro de la mesa. Acompañarlo con un buen vino de la tierra es tarea fácil, con el sugerente abanico de posibilidades que ofrecen, a la vista del púbico, en una vinoteca climatizada.

También preparan maravillosos níscalos con patatas y costillas, garbanzos con callos y boletus, y Alubiones de la Granja con almejas a la marinera.  Y por si no fuera suficiente, el pan siempre está a la altura de las circunstancias, elegido entre los mejores de Valladolid, protegidos por su propia marca de garantía alimentaria, «Pan de Valladolid».

Y es que de La Martina podríamos decir, siguiendo en clave castellana, aquello de que de casta le viene al galgo. «A lo largo de dos generaciones ha sustanciado con eficacia y tino lo mejor de la cocina de estos páramos y montes pinariegos”, como afirma el escritor Agustín García Simón, que prologa la carta con un texto tan bello que dan ganas de pedir una fotocopia para leerlo de vez en cuando.

Martina, la matriarca, sentó las bases, y sus hijos, Susi y Juan Carlos, se han encargado de consolidar, mantener y actualizar una oferta culinaria que se ha convertido en una referencia, afortunadamente al margen de los fuegos artificiales tan recurrentes en la gastronomía actual, pero atenta a los últimos hallazgos de Madrid Fusión.

Además de guisotes, la carta de La Martina despliega buen producto en forma de quesos –en sugerente compañía de miel local, o mermelada de aceite de oliva virgen extra–; embutidos de calidad, setas de temporada, anchoas, espárragos… Por supuesto carnes, casquería y otras tentaciones para carnívoros y, en el apartado de pescados, y en línea con la tradición castellana, merluza, bacalao y siempre una apetecible propuesta del día para darse un gustazo marino en lo alto del páramo. Dos platos con huevos para amantes de los almuerzos a la antigua usanza, en revuelto con Boletus y piñones de Montemayor o fritos con chorizo de Antolín. Además de una variada y atractiva selección de vinos, y postres caseros de verdad para cerrar la velada comme il faut..

Aunque en La Martina lo de cerrar la velada no es fácil: el trato no solo profesional, sino atento y cálido, hace que te sientas tan bien que si te relajas, puedes terminar empalmando la comida con la cena. No sería grave: ellos mismos ofrecen alojamiento de turismo rural y Montemayor de Pililla es uno de los pueblos con un entorno más bonito de Tierra de Pinares. Ahí lo dejamos.

*Puedes saborear los platos típicos de nuestra tierra, los sábados y domingos desde el sábado 25 de enero al domingo 1 de marzo.

Reservas: 983 69 43 92.

Restaurante Llantén, placer recuperado

Restaurante Llantén

Siempre es un placer volver a restaurante Llantén [Calle Encina, 11, 47153 Valladolid], cuya localización en las afueras de la ciudad, – en el vallisoletano Pinar de Antequera–, es uno de sus principales atractivos. Ocupa un chalet de inspiración ibicenca con un espléndido jardín, conformando un escenario difícil de mejorar, tanto en invierno, –cuando encienden la chimenea y da gusto cenar a su lado–, como en verano, en que puedes disfrutar de una «gastrovelada» bajo las estrellas… Son famosos sus miércoles estivales, con conciertos al aire libre, y no es infrecuente que el espacio entero se reserve para la celebración de eventos privados.

Llantén acaba de reabrir sus puertas tras el tradicional descanso invernal que permite al equipo descansar y cargar las pilas para una primavera y un verano intensos. El comedor lleno no resta agilidad al servicio ni calidez en el trato, y la cena con amigos transcurre muy cómodamente. La carta es breve pero intensa, apetece probarlo todo y dejarse llevar. Compartimos un plato de ‘Caballa marinada con cítricos’ y un exquisito ‘Arroz meloso de marisco’, además de dos aperitivos de la casa, uno a base de plancton y otro de manzana, con sugerente textura de flan y acompañado con huevas de pez volador.

De segundo, nos decantamos por la ‘Lubina con calamar’, tierna y sabrosa; la ‘Raya’, deliciosa, con caldo de jamón, y el ‘Steak tartar’.

Y terminamos con dos postres, que son un despliegue de texturas y sabores: el ‘Suflé de avellana’ y el ‘Cardamomo con bergamota y coco’, en la línea de calidad del resto de platos.

Mención especial al adictivo pan de la casa, que puedes –y debes- untar en el aceite de oliva virgen extra de variedad Picual de Jaén ‘Cortijo Spiritu Santo’, para ir abriendo boca mientras esperas. Y, para los fetichistas, la cuenta bellamente manuscrita. Una cena espléndida y muchas ganas de repetir.