Charlatán, el rosado infrecuente

Decimos que Charlatán es un rosado infrecuente porque procede de una bodega cigaleña experta en el noble arte del clarete. ‘César Príncipe’ –ubicada en Fuensaldaña– es artífice de uno de nuestros claretes preferidos, Clarete de Luna, además de ser una referencia en la elaboración de tintos con la excelente tempranillo de la D.O. Cigales, que nada tienen que envidiar a sus vecinos de Ribera del Duero.

Cuando Charlatán salió al mercado, hace ya algunos años, Ignacio Príncipe nos confesó que no pensaba que iba a vender mucho en tierras vallisoletanas, que estaba más orientado a la costa, donde este tipo de rosados, de aspecto más «provenzal», empezaban a estar de moda. Nosotros, que aún regentábamos La Casa del Gusto, nos decidimos a incorporarlo y no lo vendimos mal… aunque como en el caso de Viña Pilar , hemos de confesar que contribuimos generosamente a la causa, sin dejar de beber el clásico Clarete de Luna, que sigue siendo uno de nuestros vinos de referencia.

Charlatán entonces se alejaba con valentía y desenfado, muy «a lo Ignacio Príncipe», de los clásicos de la Denominación de Origen, pero no tardó en ser imitado, y actualmente casi no hay bodega, incluso de Ribera del Duero, que proponga un rosado que no se ajuste a este perfil. Se elabora con Garnacha Negra, que se prensa directamente y se fermenta a baja temperatura, lo que permite obtener ese elegante color de moda, sin pérdida alguna de aromas y sabores propios de la variedad.

Su imagen le representa y tal vez sea incluso cierto que su nombre responde a la cualidad parlachina de sus bebedores, si bien nosotros la experimentamos también con Clarete de Luna, y aún con Ana Príncipe, el verdejo de la casa, otro vino de excelente relación calidad-precio, que hemos descubierto no hace mucho.

Charlatán es pura frescura, elegante y sutil, pero complejo y sabroso, un vino muy equilibrado y, como otros rosados, versátil y apto para cualquier época del año. Nosotros lo hemos acompañado con ensaladas, con pescados a la sal, sardinas a la brasa, pasta… y nunca nos ha defraudado, consiguiendo incluso, más adeptos entre nuestros invitados, cuando lo prueban en casa. Un vino que nunca falta en nuestra bodega doméstica… Ejemplo perfecto de hedonismo sostenible!