Viña Pilar se renueva

Nuestro amor por claretes y rosados viene de lejos, y nuestra admiración por Viña Pilar también. Conocimos este espléndido “rosado de lágrima” cuando aún regentábamos La Casa del Gusto, y creo que nos bebimos nosotros a lo largo del tiempo, más de la mitad del que compramos para la tienda. Este tipo de vinos se consideraba una alternativa perfecta para el chateo, pero han tardado años en conseguir el estatus que, afortunadamente, disfrutan en la actualidad. Recuerdo en nuestros viajes estivales a Burdeos, los escaparates de vinotecas y tiendas gourmet, inundados por el rosa en todos sus elegantes matices… pero aquí, en tierras castellanas, a pesar de disfrutar de una de las denominaciones de origen que mejores claretes y rosados nos ha hecho disfrutar, la D.O. Cigales, y de que los claretes eran el pan nuestro de cada día en la Ribera del Duero antes de que se escribiera con mayúsculas, nos costaba venderlo en la tienda.

Viña Pilar se convirtió en uno de nuestros «vinos de cabecera», como El Lebrero, un albillo de elaboración ecológica, que inició una tendencia que seguirían otras bodegas ribereñas después, consiguiendo recientemente el respaldo de la denominación de origen; Flores de Callejo, un vino tinto joven que era todo frescura; y por supuesto, los tintos con crianza, vinos espléndidos añada tras añada.

En esa época, no quisimos perder la oportunidad de conocer la bodega en primera persona. Recuerdo el bello terruño burgalés de Sotillo de la Ribera, mimado con una sensibilidad infrecuente, y la calidez de una familia que nos recibió con los brazos abiertos. Hace años de aquello, pero nuestra admiración quedó sellada para siempre. No obstante, cuando dejamos la tienda, el acceso a ciertos vinos se hizo más complicado y llevábamos tiempo sin frecuentar Viña Pilar, hasta estos raros tiempos que vivimos, que nos han permitido estar más tiempo en casa, y volver a disfrutar de placeres de antaño.

Viña Pilar se ha modernizado y se ha sofisticado. Han cambiado su imagen, su aspecto, su elaboración y su «apellido». Su nueva etiqueta es más minimalista y también más informativa –lo cual agradecemos los amantes del vino más curiosos–, en línea con un cambio de imagen de otros de sus vinos, que reivindican el origen de los privilegiados parajes de los que proceden. Pero lo que más llama la atención es su color, que ya no tiene la viveza de antaño: la nueva versión adopta ese color pálido, asalmonado, elegante, en sintonía con la tendencia que se ha impuesto en los últimos años. Elaborado a partes iguales con Tinto Fino y Albillo Mayor, una parte fermenta en huevo de hormigón y otra, en barrica de roble francés nuevo de 500 litros, y permanece en contacto con sus lías durante 8 meses. Viña Pilar Viña es ahora un elegante “clarete de guarda”, un vinazo con cuerpo, estructura y una acidez perfecta, un vino “gastronómico”, con categoría para acompañar un amplio abanico de platos, o en soledad, y con el valor añadido de una vida más larga que nos permitirá ir disfrutándolo más allá del breve tempo de los rosados convencionales…

Todo ventajas para los enamorados de este perfil de vinos, un acierto más de una familia que ha logrado el “coupage” perfecto entre la tradición y el saber hacer aportados por los padres, y la modernidad y la visión de futuro que imprimen los hijos. Larga vida a Viña Pilar y a bodegas como Félix Callejo.

En esta ocasión, lo acompañamos con una exquisita dorada salvaje a la plancha con ensalada, aderezada con una mayonesa ligera elaborada con aceite de oliva virgen extra de la variedad picual, y, de postre, unas cerezas sabrosas en su punto de madurez. Un sencillo y sabroso festín.